Omega-3 y vitaminas B en la salud cognitiva

 
 
 

Nuestro cuerpo necesita vitaminas para crecer, desarrollarse y funcionar normalmente. Las vitaminas son un grupo de sustancias que nos ayudan a obtener energía de los alimentos que comemos. Son importantes en la absorción del hierro y del calcio, también para los sistemas nervioso, digestivo e inmunitario; y son necesarias para formar nuevas células, especialmente glóbulos rojos. Los humanos necesitamos cantidades adecuadas de 13 vitaminas: cuatro vitaminas solubles en grasa (A, D, E, K) y nueve solubles en agua, que comprenden la vitamina C y las ocho vitaminas B (B1, B2, B3, B5, B6, B8, B9 y B12). Nuestro cuerpo sólo puede producir las vitaminas D y K y el resto las obtenemos de los alimentos. Aunque la mayor parte de las vitaminas se derivan de plantas, a menudo las consumimos indirectamente de alimentos de origen animal (carnes, productos lácteos y huevos).

El grupo de vitaminas B realiza papeles esenciales en el funcionamiento celular y son necesarias en todos los aspectos de la función cerebral. En los adultos mayores con deterioro leve de la salud cognitiva, el tratamiento con vitaminas B podría reducir la tasa de atrofia cerebral, especialmente en aquellos con niveles elevados de homocisteína (una proteína que eleva el riesgo de atrofia cerebral, deterioro cognitivo y enfermedad de Alzheimer). Pero, y esto es muy importante, cuando los niveles de ácidos grasos omega-3 son bajos, el tratamiento con vitaminas B no tiene efecto significativo sobre el deterioro cognitivo.

El estatus en omega-3 interacciona con los efectos del tratamiento con vitaminas B, de modo que sólo cuando los niveles de omega-3 son altos, las vitaminas B interactúan para enlentecer el declive cognitivo. Así pues, los efectos cognitivos de las vitaminas B dependen de las concentraciones de omega-3.

Por lo tanto, lo primero que deberíamos hacer para favorecer los posibles beneficios de las vitaminas B en las funciones cognitivas es conseguir niveles altos de omega-3.

 

Bibliografía