Embarazo y depresión

 
 
 

Durante el embarazo, el 20% de las mujeres tienen síntomas depresivos y se estima que hasta el 16% sufre depresión posparto. La depresión prenatal incrementa el riesgo de preeclampsia, de dificultades en el parto y de depresión posparto (que, a su vez, puede tener efectos negativos en los cuidados del bebé y de la misma madre, y está vinculada al desarrollo de depresión durante la adolescencia del hijo).

La demanda de nutrientes es más alta durante el embarazo: las embarazadas necesitan tres veces más vitamina B12, requieren un 70% más de ácido fólico que las mujeres no embarazadas y que no dan el pecho, y sus requerimientos de ácidos grasos omega-3 son elevadas (el DHA es esencial para el desarrollo cerebral del feto y las concentraciones maternales de DHA no vuelven a su nivel original hasta más de 6 meses tras el parto). Es probable que las mujeres que no suplementan sus dietas con ácidos grasos omega-3 tengan deficiencia de DHA y numerosos estudios han encontrado que los niveles bajos de Omega-3 están relacionados con una mayor incidencia de depresión materna. La suplementación con omega-3 puede disminuir la incidencia o la gravedad de la depresión que ocurre en el periodo alrededor del parto (depresión perinatal).

Referencia:

Rechenberg K, Humphries D. Nutritional interventions in depression and Perinatal depression. Yale J Biol Med 2013;86(2):127-137.

 
 

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