Dolor menstrual: la suplementación con omega-3 podría reemplazar el uso de antiinflamatorios no esteroideos

 
 
 

La dismenorrea (el término médico para el dolor menstrual) se caracteriza por dolor abdominal que ocurre justo antes y/o durante la menstruación, y se define como primaria si ocurre en ausencia de endometriosis, miomas uterinos o enfermedades inflamatorias pélvicas.

La dismenorrea primaria es una de las afecciones más comunes en las mujeres y el problema ginecológico más común en las mujeres que menstrúan. Hasta el 90% de las mujeres en edad reproductiva experimenta dolor menstrual (que generalmente empieza durante la adolescencia), habitualmente acompañado de síntomas gastrointestinales; las mujeres definen sus síntomas de muchas maneras, con el tipo y severidad de los síntomas cambiando de día a día, de un ciclo menstrual a otro o a lo largo de los años (aumentando, disminuyendo, fluctuando o haciéndose estables en relación con el embarazo, el envejecimiento y/o la menopausia). La dismenorrea afecta negativamente a la calidad de vida de las mujeres y es una causa común de absentismo escolar y laboral en las mujeres en edad reproductiva. A pesar de esto, la dismenorrea no siempre es vista como un problema de salud válido por parte de los profesionales de la salud, los empleadores y la sociedad en general.

La causa de la dismenorrea primaria no se comprende completamente, pero la mayoría de los síntomas pueden explicarse por la acción de las prostaglandinas uterinas (las prostaglandinas están implicadas en la contracción del músculo liso, el control de la inflamación y la temperatura corporal, entre otras funciones fisiológicas). Las mujeres con dismenorrea primaria tienen una producción aumentada de prostaglandinas endometriales, lo que causa contracciones uterinas más fuertes y más frecuentes.

Los fármacos antiinflamatorios no esteroideos (que actúan inhibiendo las acciones de las prostaglandinas) son el principal tratamiento, con el añadido de píldoras anticonceptivas cuando es necesario, pero alrededor del 10% de las mujeres afectadas no responden a estas medidas; además, algunas mujeres no pueden o prefieren no tomar medicación (a causa de los efectos secundarios).

Numerosos estudios han mostrado un papel regulador de los ácidos grasos omega-3 frente al dolor inflamatorio asociado con la artritis reumatoide, la dismenorrea y la enfermedad inflamatoria intestinal. Los ácidos grasos omega-3 reducen la producción de sustancias inflamatorias y se cree que esta acción antiinflamatoria tiene como consecuencia la reducción del dolor. Recientemente, se ha demostrado una vez más que la suplementación con ácidos grasos omega-3 (y aún más con vitamina E) alivia significativamente el dolor menstrual hasta el punto de que puede reemplazar el uso de fármacos antiinflamatorios no esteroideos.

Los ácidos grasos omega-3 podrían ser una opción de tratamiento eficaz, disponible y accesible a todas las mujeres.

Bibliografía: 

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