Dieta y evolución

 
 
 

Solemos pensar que los humanos constituimos un buen ejemplo de adaptación al entorno pero, de hecho, estamos genéticamente adaptados a él… ¡en el que vivieron nuestros antepasados!

Los profundos cambios (tipos de alimentos, cualidades de los nutrientes y condiciones de vida), que empezaron poco a poco con el cultivo de plantas y la domesticación de animales (hace aproximadamente 10.000 años) y después con la revolución industrial (procesado de alimentos, entre otros) ocurrieron demasiado rápido (en la escala de tiempo evolutiva) para que el genoma humano pudiese adaptarse.

Muchas de las “enfermedades de la civilización occidental” surgen de esta discordancia y son, al menos, parcialmente atribuibles a la dieta: enfermedad cardiovascular o diabetes tipo 2, por nombrar algunos ejemplos.

El equilibrio en la dieta entre Omega-6 y Omega-3 es fundamental para prevenir el riesgo de enfermedad crónica y fomentar la salud, pero ciertos cambios, como la cría de animales (que modificó el porcentaje de grasa corporal en el ganado) o el procesado industrial del aceite de semillas (que incrementó el consumo total de aceite vegetal, con mayores cantidades de Omega-6 que de Omega-3) han conducido a la actual proporción Omega-6:Omega-3, en Estados Unidos, de 10:1, mientras que se estima que en la dieta de los cazadores-recolectores esta proporción era mucho más equilibrada y se situaba entre 2:1 y 3:1.

Este obvio desequilibrio puede predisponer a la enfermedad crónica.