Deporte y omega-3

 
 
 

Como hemos comentado en posts anteriores, los seres humanos evolucionaron consumiendo una dieta que contenía cantidades de omega-6 y omega-3 en una relación de aproximadamente 1:1 a 2:1, pero los cambios dietéticos de las pasadas décadas en el consumo de estos ácidos grasos poliinsaturados han incrementado esta proporción. Actualmente, en las dietas occidentales la relación está entre 15:1 y 16,7:1 (el consumo dietético óptimo sería aproximadamente 1-4:1). Ni que decir tiene, las dietas occidentales son deficientes en ácidos grasos omega-3 y tienen cantidades excesivas de omega-6, en comparación con la dieta con la que evolucionó el ser humano.

Los eicosanoides, un grupo de moléculas implicadas en la resolución de la inflamación, se forman a partir de los ácidos grasos omega-6 y omega-3. En general, los eicosanoides derivados de los omega-6 son proinflamatorios mientras que los eicosanoides derivados de los omega-3 son antiinflamatorios. Es decir, los incrementos en la proporción omega-6:omega-3 podrían potenciar los procesos inflamatorios.

La excesiva formación de radicales y los traumatismos durante el ejercicio de alta intensidad conducen a un estado inflamatorio que empeora con la cantidad aumentada de omega-6 en las dietas occidentales. Pero esto puede ser contrarrestado por el ácido eicosapentaenoico (EPA) y el ácido docosahexaenoico (DHA), ambos ácidos grasos omega-3.

Para los deportistas aficionados se recomienda un consumo aproximado de 1 a 2 g/día de EPA y DHA en una proporción de EPA:DHA de 2:1.

 

Referencias: