De tal palo tal astilla

 
 
 

El consumo de EPA y DHA a lo largo del embarazo tiene un efecto protector sobre la hipertensión producida por el embarazo, el riesgo de nacimiento prematuro y el peso, la talla y el perímetro craneal al nacer. El feto en desarrollo depende completamente del aporte materno de ácidos grasos esenciales. La nutrición materna (en especial ácidos omega-3 y omega-6) es un factor determinante en el desarrollo fetal.

Se considera que el tercer trimestre de gestación es el más importante respecto a la contribución del omega-3 DHA en el crecimiento fetal, pero también se da una asociación positiva del DHA materno a principios del embarazo con el peso al nacer del bebé y esto indica que la suplementación con DHA podría ser útil desde el primer momento del embarazo, no sólo durante el tercer trimestre.

Desde principios del embarazo hay una asociación positiva entre el DHA en los glóbulos rojos maternos y los niveles de DHA en el cordón, y el DHA en los glóbulos rojos maternos en el primer trimestre también se asocia positivamente con el peso del niño. Sin embargo, las mujeres que dan a luz bebés de bajo peso al nacer tienen más elevados los omega-6 totales en los glóbulos rojos (también durante el segundo trimestre). Por último, en bebés con bajo peso al nacer, en el momento del parto los omega-3 totales en los glóbulos rojos son más bajos y los omega-6 totales en los glóbulos rojos son más altos.

Asegurar un aporte adecuado de omega-3 es importante desde el principio del embarazo.


Bibliografía