Consumo maternal de omega-3 como medida para prevenir alteraciones metabólicas en el hijo

 
 
 

La relación entre la microbiota intestinal (antes conocida como flora intestinal) y la salud humana se reconoce cada vez más. El término microbiota se refiere a toda la población de microorganismos que coloniza una localización (en este caso, el intestino) e incluye bacterias y otros microbios. Generalmente, los microorganismos son percibidos como patógenos (como causantes de enfermedades) por el sistema inmunitario, que los reconoce y elimina; sin embargo, la mayoría de las bacterias del intestino no son patógenas y habitan en nuestro cuerpo en un relación simbiótica, esta es la razón por la cual se las llama comensales. La microbiota intestinal tiene funciones específicas en el metabolismo de nutrientes y fármacos, en la prevención de la colonización por microorganismos patógenos y en la función de barrera intestinal; y el sistema inmunitario ha evolucionado para colaborar con la microbiota, mientras lucha contra los microorganismos invasores “malos”.

La composición y función de la microbiota intestinal está fuertemente influenciada por factores ambientales como la dieta, la modalidad de parto (vaginal o por cesárea) y el uso de antibióticos; y la alteración de la composición y función de la microbiota intestinal por el entorno puede ser causa de disfunción metabólica.

La microbiota intestinal de las primeras etapas de la vida desempeña un papel clave en el metabolismo del huésped en la vida posterior y se sabe que la microbiota maternal está relacionada con la del niño; el consumo maternal de ácidos grasos durante el embarazo y la lactancia influye en el desarrollo de la microbiota intestinal del niño (y la subsiguiente salud metabólica). Por lo tanto, la optimización de la dieta y la composición de la microbiota maternal puede favorecer el desarrollo de la microbiota del niño.

A este respecto, estudios experimentales han mostrado que el estatus maternal en ácidos grasos omega-3 durante el embarazo y la lactancia tiene positivos y duraderos efectos en la composición y función de la microbiota del hijo que persisten hasta la edad adulta. Además, se ha observado que el estatus en ácidos grasos omega-3 de la leche durante la lactancia parece tener un impacto más fuerte en la microbiota del niño que el estatus maternal en ácidos grasos durante la gestación. Esto significa que las consecuencias en la microbiota del hijo de la insuficiencia maternal prenatal en ácidos grasos omega-3 puede ser compensada por el consumo maternal posnatal de ácidos grasos omega-3.

Los excesivos ácidos grasos omega-6 y los insuficientes ácidos grasos omega-3 de la dieta occidental, y la desproporción entre ellos, han contribuido a la actual epidemia de trastornos crónicos metabólicos, que pueden ser parcialmente atribuidos a una disfunción persistente de la microbiota intestinal. En consecuencia, el consumo maternal de ácidos grasos omega-3, especialmente durante la lactancia, podría ser una medida efectiva de prevención de trastornos metabólicos en su hijo.

Bibliografía: 

Robertson RC, Kaliannan K, Strain CR, Ross RP, Stanton C, Kang JX. Maternal omega-3 fatty acids regulate offspring obesity through persistent modulation of gut microbiota. Microbiome. 2018;6(1):95.

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