Una buena noticia para las personas que se hacen mayores

 
 
 

La demencia no es un trastorno específico, sino un término general para un deterioro en la habilidad mental lo suficientemente grave como para interferir con la vida diaria (la pérdida de memoria es un ejemplo). El Alzheimer es el tipo más común de demencia (representa del 60 al 80% de los casos); la demencia vascular, que ocurre tras un ictus (un infarto cerebral), es el segundo tipo de demencia más común. Se estima que, en 2015, 46,8 millones de personas en todo el mundo vivían con demencia y que esta cifra casi se doblará cada 20 años, hasta llegar a 131,5 millones en 2050. Si tenemos en cuenta que este trastorno tiene un profundo impacto en los afectados, pero también en sus familias y cuidadores, estas cifras nos dan una idea de la magnitud del problema que representa la demencia. Porque la demencia tiene un impacto negativo en tres niveles, que están relacionados entre ellos: 1) la persona con demencia, que experimenta discapacidad, perjuicio en su calidad de vida y disminución de su esperanza de vida; 2) la familia y amigos de la persona con demencia, encargados de su cuidado, y 3) la sociedad en su conjunto, con costes directos (que incluyen la atención sanitaria y la pérdida de productividad) y otros impactos sociales más difíciles de cuantificar.

Los microinfartos cerebrales son muy comunes en los cerebros que envejecen y se consideran un factor de riesgo en trastornos neuropsiquiátricos comunes, incluyendo el deterioro cognitivo leve, la demencia vascular y en la enfermedad de Alzheimer. Por lo tanto, el tratamiento y la prevención de los microinfartos podría ser una manera efectiva de prevenir y tratar estos trastornos.

En las pasadas décadas, muchos estudios han indicado que incrementar el consumo de ácidos grasos omega-3, particularmente DHA y EPA, está estrechamente relacionado con un riesgo reducido de trastornos cognitivos o tienen efectos terapéuticos en ellos. Dado que los ácidos grasos omega-3 son un importante componente del sistema nervioso central y sirven como importante componente estructural para mantener la integridad funcional celular, ha sido interesante investigar el efecto potencial de los ácidos grasos omega-3 en la reducción de los microinfartos cerebrales. Los resultados del primer estudio realizado con este objetivo son prometedores: los ácidos grasos omega-3 tienen efectos protectores frente a los microinfartos y, por tanto, mejoran el deterioro cognitivo.

Esto demuestra que en un cerebro rico en ácidos grasos omega-3 las consecuencias de los microinfartos se reducen en comparación con un cerebro “normal”, y apoya la aplicación de los ácidos grasos omega-3 en el tratamiento o prevención de la demencia vascular. Una buena noticia para las personas que se hacen mayores, y aquellos con demencia y sus cuidadores.

Bibliografía: 

Luo C, Ren H, Yao X, Shi Z, Liang F, Kang JX, et al. Enriched Brain Omega-3 Polyunsaturated Fatty Acids Confer Neuroprotection against Microinfarction. EBioMedicine. 2018 Jun 4. [Epub ahead of print]

Alzheimer’s Disease International: World Alzheimer ReporT 2015. The Global Impact of Dementia. An analysis of prevalence, incidence, cost and trends [Internet]. Londres: Alzheimer’s Disease International; 2015.

The psychological and emotional impact of dementia [Internet]. Londres: Alzheimer’s Society; 2018. 

What is dementia? [Internet]. Chicago: Alzheimer’s Association; 2018.  

 
 

La nutrigenómica y los ácidos grasos omega-3

Cada célula del cuerpo humano contiene entre 25.000 y 35.000 genes aproximadamente. Los genes incorporan la información que determina nuestros rasgos; cada gen contiene instruccion[...]